Elecciones
La verdad es que desde que estoy fuera de España he tenido la suerte de perderme 2 cosas importantes:
1) años de obras de la M30 de Madrid
2) las elecciones de este año. Con elecciones me refiero a la pre-pre-campaña, la pre-crampaña, la PUTA pegada de carteles abriendo todos los telediarios, el interminable chorreo de promesas que no van a cumplir, el día de reflexión y los meses venideros de sesudo análisis de los resultados.
Tengo por norma general no creerme prácticamente nada que salga de boca de un político y casi no me sorprende nada de lo que hacen. Aun así, cuando he leído Cómo amañar unas elecciones me he quedado un poco… no sé cómo decirlo, la verdad. Una mezcla de cabreo + resignación + vaya usted a saber. El lío:
Siguiendo un encargo del coordinador electoral republicano en el noroeste del país, James Tobin, cuya sentencia está pendiente de una apelación, la empresa de consultora de Raymond se dedicó a colapsar los teléfonos de las sedes del partido demócrata con miles de llamadas el día de les elecciones [...]
Aquella contienda la acabó ganando por un estrecho margen el republicano John Sununu. [...] Sin embargo, dada la baja participación que se da en las elecciones legislativas, las llamadas que hacen ambos partidos recordando a sus miembros cuál es su colegio electoral son consideradas clave para movilizar al electorado.
Además de la acción en New Hampshire, Raymond también explica en el libro otras tácticas aplicadas en las elecciones del 2000, como estimular a través de llamadas telefónicas los prejuicios raciales de los votantes.
Por ejemplo, en Nueva Jersey su empresa llamó a hogares de votantes blancos preseleccionados en los que un mensaje grabado con un fuerte acento afroamericano les conminaba a votar a los demócratas. De la misma forma, también llamaban a distritos de clase trabajadora, probablemente demócratas y con sentimientos anti-inmigración, en los que el mensaje tenía un fuerte acento latino. Según el estratega republicano, la lógica de estas acciones es que “es tan importante conseguir que voten los tuyos como desmovilizar a los rivales”.
Hay que ser sucio y triste e hipócrita y mala persona y demás adjetivos despectivos. Pero lo peor, peor, peor de todo es luego verlos hablar de democracia, principios, honestidad, libertad…
Y esto claro debe ser lo de menos, las trapacerías que harán y de las que no nos enteramos deben ser míticas.