Ya se me ha pasado el olor a playa brasileira así no quiero dejar pasar mucho tiempo para poner los detalles por escrito que tengo memoria de pez.
Para empezar la primera sorpresa: llueve mucho. Éste está siendo uno de los peores veranos que recuerdan en Brasil. Y cuando digo malo, me refiero a malo de verdad. De 2 semanas hemos tenido 4 días de lo que uno espera sea el verano en Brasil: SOL. El resto nublado o lluvia o lluvia a mala hostia. No he visto llover tanto en ningún otro sitio. Y sin parar. Un día y medio lloviendo sin descanso te pone al borde del llanto cuando llevas planeando las vacaciones un año. Por suerte, el alcalde de Rio contrató a una bruja para que parara la lluvia para Nochevieja en Copacabana. Funcionó. Por lo menos durante un par de días. Pero vamos, que también tuvimos mucha suerte ya que teníamos pensado ir a Angras do Reis (corrimiento de tierra, al menos 50 muertos) y pasamos por Sao Paulo un día antes de las mega-inundaciones que paralizaron la ciudad y el estado. Así que de lo malo-malo, no nos fue tan mal.
Rio de Janeiro
Vaya ciudad, da para unos cuantos posts de ella sola.
Es imposible abstraerse de las noticias y leyendas urbanas con el tema de la seguridad, pero yo tengo que decir que nosotros no tuvimos absolutamente ningún problema. También es cierto que andamos con mil ojos y no dimos pie a meternos en jaleos con cosas tipo excursión por las fabelas o llevando cosas de valor visibles (reloj, portátil, collares, etc.). Pero vamos, que nos movimos bastante en transporte público y andamos lo nuestro sin ningún susto.
El tráfico es para verlo. Como en esos vídeos de Youtube, pero en directo. Los autobuses que suben a Santa Teresa por calles empedradas no son aptos si padeces del corazón, los taxis son kamikazes reconvertidos (aunque baratos) y en general más te vale mirar 4 veces a ambos lados y no quitar la vista mientras cruzas.
Por suerte en su día decidimos alojarnos fuera de la zona más comercial en un barrio que se llama Santa Teresa (1, 2). Hace unos 10 – 15 años era una zona complicada en temas de seguridad, pero ahora está bastante bien. En lo alto de una de las muchas colinas de Rio (se sube en el bondinho un tranvía de época que aun se conserva), todas las casas son coloniales, algunas bastante ruinosillas, otras arregladas, otras de mucha, mucha pasta. La mayoría de la gente son brasileiros mezclados con los extranjeros que están en los hotelillos de la zona. Nosotros nos alojamos en la Pousada Pitanga y estamos encantados: habitación más que cuidada, super limpia, internet gratis y nos dieron bastantes consejos para movernos por Rio.
Luego están las cosas básicas de Rio que simplemente no te puedes perder: el Cristo Redentor (3) y el Pan de Azúcar (4). No hay mucho que decir, sólo que para ir al Corcovado hay que ir muy, muy temprano o la cantidad de gente te lo arruina (5). Nosotros llegamos sobre las 12 y “sólo” tuvimos que hacer una hora de cola para las entradas que nos dieron para el tren que subía casi a las 15. Y esa es otra, la subida en tren es bonita, pero para mi no vale 3 horas de espera. Lo que no sabíamos antes de ir es que por lo visto se pueden sacar entradas por internet y evitar la cola. La web oficial del Corcovado enlaza con esta web de venta de entradas donde parece que las venden, pero hay que registrarse. Si no las podéis apañar por internet, yo creo que es mejor hablar con el hotel para conseguir un taxi que te suba hasta la parte más alta desde donde aun hay que pillar un taxi oficial y la entrada. Un lío pero ya digo que el tren no vale 3 horas de espera.
Luego las playas, claro. De día sólo fuimos a Ipanema y… pues hombre, hay que ir y esas cosas, pero si te sale un día bueno de sol en temporada alta está a re-ven-tar que no cabe un alma (y mira que es grande). Si tienes pensado alquilar sombrilla en la playa, vuélvelo a pensar porque vas a llegar tarde. Nosotros acabamos comprando una en las tiendas al lado de la playa (en Ipanema no están en la misma playa, sino un par de paralelas por detrás, busca Lojas Americanas) por unos 12-15 euros. Lo mejor las olas, que son una pasada.
Y a Copacabana fuimos en Nochevieja. Pues lo mismo, no vas a estar allí y no ir, ¿no? Aunque nosotros pensamos en no ir (sobretodo cuando a las 5pm llovía a mares) resulta que Santa Teresa cierra completamente a medio día del 31 de Diciembre. De hecho, el centro de Rio (6) daba respeto sobre las 7pm porque no había nadie por la calle. El caso, metro y a Copacabana sobre las 10pm. Juntarse se juntan 2 millones de personas, pero como son 4 kilómetros de playa, pues tampoco hay agobios. Nosotros compramos una bandera de Brasil por 3 euros y nos la apañamos de asiento en la arena y tan ricamente, la gente ni la pisaba ni nada. Dicho esto, esperaba algo más del ambiente. Estábamos cerca de unos altavoces pero la música estaba bastante bajita antes de las 12. Los brasileiros, a pesar de que iban todos con sus neveras de birra tampoco estaban montando mucha jarana. La justa, la verdad.
Y luego llegan los fuegos (7). Si los analizas uno por uno no son especialmente espectaculares. Ahora, cuando tiran para arriba en todo el frontal de la playa y te das cuenta de la inmensidad de Copacabana y del número de gente allí reunido… pues se te aflojan un poco las canillas. Luego un poco de rollo otra vez, la música muy bajita (hablo de la misma playa) y tampoco habían sandungueros tirando de palmas ni nada. Nos quedamos hasta las 2am y nos volvimos después de saltar nuestras 7 olas correspondientes cuando las caras de los que nos rodeaban se empezaban a desencajar. De las fiestas de los hoteles y tal, ni idea, ni las miramos. Por cierto, en Nochevieja se va de blanco y con ropa interior amarilla (lo digo por si os extraña en el vídeo que casi todo el mundo vaya de blanco).
En fin, si tuviera que volver, creo que volvería en temporada baja (Julio o Agosto). Menos gente, más barato, menos calor y sobre todo menos lluvia (la temporada de lluvia allí es en verano). Por cierto, ir en Carnaval no lo recomienda nadie.
Después del año nuevo, empezamos nuestro viaje al Sur. La estación de buses de Rio es digna de la ciudad, un puto caos de gente. Nuestro bus salió con 45 mins de retraso, estabamos sudando como malditos, maaaaazo de gente…. se nos abrieron las puertas del cielo cuando subimos : )
Resulta que en Brasil el bus es lo que más se usa. Los vuelos internos son bastante caros y el tren es casi inexistente, por lo que lo del bus lo tienen bien montado. Puestos sobre aviso gracias a nuestros amigos brasileños, pillamos un autobus de “lujo”. Yo siempre dudo de cosas de “lujo” que están al alcance de mi bolsillo, pero esta valió la pena. Las “poltronas” (asientos) eran enormes, y se reclinan casi por completo, lo cual hizo que nuestro viaje de 12 horas a Curitiba se pasara en un plis. Y todo por 70 euros. G-O-L. Un par de horas en Curitiba y buseto a Pontal do sul y de ahí 30 mims de barquito a Ilha do Mel.
Ilha do Mel
Si hubo una decepción, fue ésta. Como el viaje entre Rio y Floripa en bus era un poco demasiado de un tirón, decidimos hacer una “escala técnica”. Buscamos en el mapa, preguntamos a colegas, buscamos en Google y todo apuntaba a Ilha do Mel como destino idóneo: una isla pequeña, sólo se llega en barco, no hay ningún medio motorizado ni carreteras en la isla…
Lo peor de todo, el hotel. La posada Coraçao Ilha do Mel es cara, habitación minúscula y el personal bastante poco agradable. Ya cuando vi la web, no me dio buena espina, pero fueron los únicos que nos dieron habitación en esas fechas y para sólo 2 días. No se molestaron en hacer la habitación de un día para otro y para colmo de males el grifo de la ducha daba un mini-calambre cuando lo tocabas… Lo dijimos, lo miraron durante un rato y se escaquearon diciendo que “era normal”. Yo sólo pensaba que en si les pillan con algo así en Inglaterra les cierran el chiringo al instante. En fin, un desastre. Coraçao Ilha do Mel no, no, no, mal, mal, mal (un poco de googleismo).
A parte de eso, la isla en general está bastante poco cuidada. No sé, montones de detalles que no cuidan nada como papeleras sin recojer y cosas similares. No es que yo necesite que la isla esté como Capri, pero no daba buen rollismo. Lo único, la playa “da fora” (la que da al atlántico): gigante, poca gente, super limpia y bastante olas (8).
En fin, no mucho más que decir salvo que nos olvidamos la sombrilla que compramos en Ipanema en el barco de vuelta y que el bus urbano que nos llevó a Paranaguá tardó 1h 30m y no tenía aire acondicionado. ¬¬
De Paranaguá a Florianópolis 9 horas más de bus.
Florianópolis
Hasta este día habíamos estado sólos danzando por los brasiles a nuestra bola, pero en Floripa fue donde nos juntamos con nuestros colegas que son la razón por la que fuimos a Brasil. Igual que en Ilha do Mel todo empezó mal, en Floripa todo empezó bien: WiFi gratis en la estación de bus y colega que viene a buscarte con birras frías. BIEN.
Floripa es un isla un poco más grande que Mallorca, pero con forma más alargada. El Norte es la zona más turística (a la que no fuimos) y el centro-Sur es la zona con más locales (donde estaban nuestros colegas, a 15 minutillos andando de la playa de Campeche). Lo bueno es que la mayor parte es zona protegida, no se puede construir más. Así que hay montañas y montañas (9), playas y playas en las que no construyen. Las únicas que hay son porque llevan allí toda la vida.
Floripa está lleno de playas gigantes y con bastante poca gente para lo que se ve por la costa Española. Otra vez muchas olas, arena fina y playas limpias… genial. Nos pasamos un buen día en la playa de los Naufragados (10), a la que sólo se llega a) caminata por bosque tropical de 40 minutillos o b) 15 minutos de barcaza. Así que nunca tiene mucha gente. La caminata está bien, pero si vas a hacerla mejor lleva algo de calzado que vaya más sujeto que unas simples Havaianas (chanclas oficiales de Brasil, deberían darlas al bajar del avión, 11). Yo no lo sabía y lo hice descalzo sin mayores peligros, pero te arriesgas a pisar una mala piedra.
Dos comilonas que resaltar.
Bar do Arante. Buffet de pescados a todo lo que da (12). Mejillones (de este calibre! 13), cangrejos, doradas, arroz, ensaldas… Bueno y a reventar. Además de postre tiene helados que venden… al peso : )
Tropilha Grill. Este está en Florianópolis continente, no en la isla (técnicamente es San José) así que pilla un poco fuera pero vale la pena. Madre del amor qué jartá de comer. Tiene un buffet con quesos, aceitunas, tomates secos, ensaladas… sólo eso ya vale la pena. Pero es que lo bueno es el rodizio: dícese de un ser humano que se sienta en una mesa y es agasajado sin descanso por una tropa de camareros que vienen con infinitos tipos de carnes de las que van sirviendo lasquinhas (pequeños trozos, pero si quieres te dejan la pieza entera) hasta que pides por favor que no te den más de comer (14). Qué infierno.
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En fin, y millones de cosas que me dejo pero ya me queda mega-gigante el post. Quien esté interesado que me pille por banda con un par de birras y rajo lo que haga falta.
Y nada, para quitarme la depresión post-parto, pues pensando ya en cuál será el próximo viaje gordo (en 2 años). Se admiten sugerencias : )
¡Salud!